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Préparate para el masaje

Antes de empezar el masaje, lávate a fondo las manos y las uñas, asegurándote do que estás no están demasiado largas o con indentaciones. Quítate el reloj,anillos,brazeletes,etc. si tienen los bordes agudos.

Ahora relájate. El bebé percibirá si estás nervosa o incómoda. Evita los masajes si estás enferma o extremadamente cansada.

Recuerda que cuanto más tranquilla estés y más a gusto te sientas, mejor responderá y se relajará el niño. En cualquier caso, no hay motivo alguno para estar nervioso o preocuparse por el masaje que vas a darle tu hijo. Los métodos no son difíciles ni requieren un esfuerzo excesivo. Los músculos de los bebés retienen muchísimo la tensión acumulada, de manera que sólo deberás aplicar la presión necesaria para reconfortarlo y estimularlo. Con el tiempo aprenderás a confiar en tus instintos y a dejar que tus manos y las reacciones del pequeñin te guíen.

Una vez relajada, ponte en posición. A medida que el niño crece y empienza a moverse de un lado a otro, es posible que desees probar con las posiciones citadas anteriormente. Para mí, la más cómoda era sentada al estilo indio en la cama, con la espalda apoyada en varias almohadas firmes, y el bebé echado frente a mí. Independientemente de la posición que elijas, procura disponer de una superficie firme al alcance de la mano (uma mesita, por ejemplo). Deja en ella el frasco de aceite para que no se derrame.

Posiciones Básicas Para El Masaje

1. Siéntate en el suelo o en una cama con las piernas cruzadas y el bebé frente a ti. Coloca un tranquilizador y una toalla también frente a ti y echa a tu hijo de espaldas, mirando hacia ti, a una distancia equivalente a un brazo extendido.

2. Siéntate en un sofá con las piernas juntas y cúbrelas con una toalla. Las piernas deben estar paralelas y juntas. Echa al bebé de espaldas, mirando hacia ti apoyado en las piernas.

3. Si prefieres estar de pie, acomoda al niño en el cambiador o en una mesa en la que estés lo bastante cómoda como para no tener que encorvarte demasiado. Ponte encarada al pequeñin. Si eliges esta opción, asegúrate de que el niño no puede rodar y caerse mientras coges el frasco de aceite o cuando tienes las manos resbalizadas.

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