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Empezar al masaje

Antes de iniciar una sesión de masaje, desconecta el teléfono y haz todo cuanto puedas para eliminar posibles distracciones y todo cuanto podría obligarte a interrumpir el proceso. Nada debe interferir con este momento tan especial de interacción afectiva, un momento exclusivo para los dos. Recuerda también inspirar y expirar profundamente tres veces, inhalando el aire por la nariz y expulsándolo por la boca, para concentrarte y relajarte. Luego apoya las manos en el cuerpo del niño y dale tiempo para que se acostumbre al tacto. Escucha su respiración y también la tuya. Podrías preguntarle: «Puedo hacerte un masaje?». Luego espera unos instantes para que el niño asimile tu pregunta. Es un buen momento para untarte las mano con un poco de aceite de masaje, mientras continúas hablándole en un susurro. Frótate las manos y deja que tu hijo adquiera consciencia de lo que va a ocurrir a continuación. Podrías decir algo así como «Es la hora de tu masaje. Estás preparado?». Esto dará a entender al niño que respetas su espacio físico. Cuando creas haber obtenido su «consentimiento», empieza. Tal vez podrías decir: «Relájate». Con esta palabra, el bebé asociará la relajación con el masaje. No interrumpas la comunicación durante toda la sesión, estimulando la sensación de relax del pequeñin y fomentando la interacción. En realidad, el tono de voz es más importante que las palabras, aunque te sugiero que utilices palabras reales. Con el tiempo esto ayudará al niño a aprender técnicas de lenguaje y le enseñará a comunicarse verbalmente. Sigue siempre la pauta básica. Estás creando un ritmo o un breve ritual premasaje que proporciona continuidad y estructura. De este modo, el bebé tendrá una mayor sensación de confort y seguridad.