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Lo que hay que hacer

 Como puedes ver, si bien es cierto que sabemos muchas cosas de lo que no es el cólico, seguimos sin saber qué es o lo que hay que hacer para aliviarlo. Una pequeña minoría de bebés que inicialmente parecían sufrir un cólico, se demostró finalmente que tenían estreñimiento, intolerancia a la lactosa o alergia a los alimentos. Esto es algo que tanto tú como tu pediatra identificaréis a su debido tiempo. Procura no extraer conclusiones precipitadas acerca de estos diagnósticos antes de que su sintomatología sea evidente. Como ya hemos dicho con anterioridad, la única teoría que no ha sido completamente refutada es la del desarrollo neurológico, aunque tampoco se ha podido confirmar. En estas circunstancias, ¿qué pueden hacer los padres? En primer lugar, no desanimarse ni malhumorarse. El niño no lo hace a sabiendas. Aunque es difícil asumir que se pueden hacer muy pocas cosas para aliviar el cólico infantil, lo cierto es que siempre hay una luz al final del túnel. Si has llevado a tu hijo al pediatra y se han detectado otros problemas médicos, ten por seguro que este trastorno remitirá a los cuatro o cinco meses. Recuerda que el llanto de tu hijo no tiene nada que ver con la «calidad» de tu paternidad. Busca el apoyo de otros padres con problemas similares para compartir vuestra experiencia v aprovecha todos los momentos de tranquilidad para descansar; un cólico es agotador tanto para el niño como para ti. Otras cosas que podrías hacer y que podrían resultar eficaces son las siguientes: • Evitar la sobreestimulación. Aumentará el llanto del bebé, sobre todo si empieza a perder el control físico. • Homeopatía. Consulta siempre al pediatra antes de administrar un tratamiento homeopático y si se produce cualquier alteración en los síntomas. Entre los tratamientos de homeopatía para cólicos figu- ran el carho vegetalis para la flatulencia y el eructo; la chamomillia para la irritabilidad que parece remitir cogiendo en brazos al bebé o llevándolo de paseo; y la magnesia phosophoricum para cólicos que se alivian un poco al flexionar la cintura. En general, la dosis es de 12X a 30C cada cuatro horas hasta que mejora la sintomatología. Para bebés, hay que diluir cinco granulos en Va de vaso de agua y darles una cucharada cada cuatro horas. En las farmacias puedes encontrar compuestos especiales para cólicos. • Tés de hierbas relajantes. A menos que el pediatra lo desaconseje, prepara un té añadiendo una cucharada de hierbas en un vaso de agua caliente. Mantenlo tapado entre 5 y 10 minutos si se trata de hojas o flores, y entre 10 y 20 minutos si son raíces. Durante la lactancia materna, la ingesta de 2-4 vasos al día puede contribuir al alivio de un niño aquejado de cólico. Ni que decir tiene que debes siempre consultar al médico para asegurarte de que las hierbas que estás utilizando son inocuas si das el pecho a tu hijo, y que no son incompatibles con ninguna medicación que ya esté tomando. El té de semilla de eneldo {Foeniculum vulgare) o semilla de anís {Pimpinella anisum) suele ser ideal tanto si lo ingiere el niño (1 cucharada antes y después de las tomas) como la madre lactante (1 vaso de tres a seis veces al día). Estas hierbas actúan a modo de relajantes gastrointestinales y facilitan la expulsión de gases. Una vez más, consulta al pediatra antes de dárselos. Otras hierbas para madres lactantes que tienen efectos relajantes y contribuyen a aliviar el cólico son el bálsamo de limón {Melissa offtcinalis), la hierba gatera {Nepeta cateria), la menta {Menthapiperita) y la tila {Tilia cordata)

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Cólico: Aspectos básicos

Nada es más desquiciante para unos padres que un recién nacido que no para de llorar. A decir verdad todos los bebés lloran. Es su forma de comunicarse con nosotros, de manera que lo hacen por muy diversos motivos. En ocasiones tienen hambre o sed; otras, tienen sueño; otras, quieren llamar más núestra atención; y otras, en fin, quieren que los dejemos en paz y que nadie los importune. Asimismo, puede que estén sobreestimulados o sencillamente aburridos. También lloran cuando están enfermos o sienten dolor, aunque a menudo no saben realmente por qué están llorando; simplemente se muestran mal humorados. Pero ¿existe siempre una razón específica por la cual seas tú quien esté de mal humor?
En general, los padres encuentran formas que dan buenos resultados a la hora de tranquilizar a su hijo que llora. Lo consiguen aprendiendo a sentir sus necesidades, con frecuencia sobre la base de «probar y fallar». No hay dos bebés a los que se pueda tranquilizar de la misma manera. Incluso los más «rebeldes» suelen dejar de llorar espontáneamente dentro de un lapso de tiempo no excesivamente desesperante para sus progenitores. Aunque lo cierto es que no siempre es así. Algunos pequeñines lloran durante períodos de tiempo demasiado prolongados y es dificilísimo consolarlos. Cuando el examen físico no revela ningún síntoma que pudiera hacer sospechar una posible patología, nos referimos a este fenómeno como «cólico infantil»

El Problema:

La definición de cólico infantil es necesariamente «resbaladiza», pues como ya hemos dicho antes sus causas siguen siendo un enigma. En realidad, depende de la interpretación que se le dé al término «excesivo». ¿Excesivo para quién? Cada pareja tiene un límite de tolerancia al llanto. Para algunos padres, unos pocos minutos son «excesivos», mientras que para otros, lo son varias horas. Los científicos que han estudiado el llanto infantil descubrieron que el niño «medio» llora 2-3 horas diarias, lo cual ha llevado a definir el cólico infantil, a efectos de investigación, como un proceso que se prolonga en el tiempo durante más de cuatro horas. Sin embargo, para algunas parejas, cuatro horas pueden parecer una eternidad. Incluso los minutos pueden parecer horas. Lo cierto es que los padres no suelen ser muy precisos en la estimación del tiempo de llanto de sus hijos.
En realidad, el cólico infantil se define como cualquier cantidad de llanto que resulte excesiva para los padres, lo cual, a su vez, está estrechamente relacionado con su mayor o menor habilidad o éxito a la hora de tranquilizar al bebé. Ser incapaz de hacerlo es muy frustrante. De ahí que pequeñines difíciles de tranquilizar puedan ser mejores candidatos a la adjetivación de «niños con cólico» aun en el caso de que el tiempo de llanto no se diferencie del de otro bebé que llora mucho pero al que es fácil consolar.
Son pocos los trastornos típicos de la tierna infancia cuyas causas sean menos conocidas que el cólico infantil. Las percepciones «padres-médicos» acerca del problema son bastante divergentes, debido principalmente a que las formas de «sentido común» de comprenderlo y de tratarlo difieren considerablemente con los datos de las investigaciones científicas. Todas las teorías enunciadas para explicar el cólico infantil han sido refutadas en innumerables estudios o bien, por naturaleza, se resisten al análisis científico. Así pues, el cólico infantil es uno de aquellos frustrantes problemas médicos del que sabemos más acerca de lo que no es que de lo que es.

En cualquier caso, y a pesar de todos los pesares, los padres siguen esperando que el pediatra identifique la causa y prescriba un tratamiento eficaz. Una honesta explicación de la inexistencia de tratamientos de probada eficacia suele ser fácilmente malinterpretada por los padres como un resultado de la falta de competencia del médico. Por desgracia, conscientes de ello, muchos facultativos indefectiblemente competentes recetan y recomiendan «remedios» de incierta eficacia que no son sino puro placebo. Conocer un poco más a fondo las teorías acerca de las causas del cólico infantil y de las condiciones similares, aunque no idénticas en sus síntomas, podría resultar útil para los padres que creen que su hijo puede estar sufriendo este trastorno. Aunque en caso de duda siempre es aconsejable acudir al pediatra, esta información tal vez os podría ayudar a ambos a aislar y tratar el problema de una forma más rápida, y poder así volver a la normalidad.

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colicomasaje - Alivio del cólico con el masaje

Alivio del cólico con el masaje

Para desesperación de muchos nuevos padres, los médicos no conocen las causas del cólico, que se I caracteriza por un llanto excesivo, irritabilidad extrema, sensibilidad acentuada e insomnio. En medicina se define el cólico como un llanto inconsolable que se produce durante los tres primeros meses de vida del bebé y que dura, por lo menos, tres horas al día, tres días por semana, y que continúa duran- te tres semanas. Aunque por término medio la mayoría de pequeñines lloran 1-3 horas intercaladas al día, los que sufren cólicos lo hacen de una forma muchísimo más acusada, a menudo gritando, levantan- do las piernas y expulsando gases. Según la Academia Americana de Pediatría, aproximadamente uno de cada cinco niños desarrolla un cólico, casi siempre entre las 2 y 4 semanas, prolongándose hasta el tercer, cuarto o quinto mes. En palabras de un médico, «sabes que tu hijo tiene un cólico cuando sientes la irre- sistible urgencia de acondicionarle su propio apartamento». El cólico es difícil de solucionar, ya que casi todo puede desencadenar el llanto del niño. Aunque la causa exacta sigue siendo un misterio, entre las posibles figuran la inmadurez del sistema gastrointesti- nal, la inmadurez del sistema nervioso central y el temperamento del bebé. A medida que el sistema ner- vioso completa su desarrollo alrededor de los 3-6 meses, tu hijo debería tranquilizarse. El masaje en el vientre puede reducir significativamente el tiempo de llanto del niño. Esta técnica de «alivio de cólicos» puede ayudar al organismo a funcionar mejor. La respuesta puede tardar varios días, pero ten paciencia, continúa con el masaje regular y ambos os veréis recompensados.

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bebecolico - Teorías acerca del cólico

Teorías acerca del cólico

Dolor
Es natural pensar que un bebé aquejado de cólico debe estar experimentando algún tipo de dolor. Por lo menos, durante miles de años, cualquier padre, madre o abuelos que hayan tenido que cuidar a un niño de estas características así lo han creído. No obstante, como resultado de estudios científicos, sabemos que el cólico no se debe al dolor. Los expertos modernos en dolor han aprendido a medirlo a nivel fisio- lógico utilizando ondas cerebrales, niveles hormonales y otros factores, todo lo cual ha permitido de- mostrar el hecho de que el dolor que sienten los recién nacidos en el transcurso de procedimientos como la administración de inyectables o la circuncisión, no difieren del de los adultos. Sin embargo, las investigaciones han revelado que, utilizando sofisticados dispositivos de control, la pauta fisiológica en unniño con cólico es muy diferente. ¡Se parece a todo menos a dolor! ¡Da la impresión de estar más relacionado con el enfado! ¿Su significado? Hasta la fecha sólo podemos especular. Retención de Gases
La idea de que el cólico debe de estar de algún modo relacionado con la retención de gases procede de la observación universal de que los bebes que lo sufren los expulsan muy a menudo y en grandes cantidades. En ocasiones, adquiere la forma de flatulencia, y en otras la de un eructo excesivo. No obstante, innumerables estudios indican que los niños expulsan gases porque tienen un cólico, pero que no lo tienen necesariamente porque expulsan gases. La evidencia más directa deriva de investigaciones en las que se insufló gases artificialmente a bebés sin cólico mediante una dieta especial o medicaciones benignas. Expulsaban muchísimos más gases, pero no lloraban más. Otras evidencias contrarias a la teoría de la retención de gases procede de estudios acerca de las así llamadas «gotas de gas» (Mylicon, Phazyme, etc.), cuya eficacia depende de la perspectiva del análisis. En efecto, si el estudio se centra en la cantidad de gas expulsado, las gotas contribuyen a su reducción. Pero si se centran en el tiempo de llanto y la severidad del cólico, su eficacia no supera a la del placebo. En la actualidad se cree que los bebés que lloran tragan mucho aire. Y como es bien sabido, todo lo entra, tiene que salir. El llanto en el trastorno de cólico explica el gas, pero el gas no explica el cólico.
Alergías
Un trastorno gastrointestinal que guarda una cierta relación con el cólico es la alergia del bebé a determinados alimentos, aunque es de carácter moderado y sólo se aplica a una minoría de recién nacidos aquejados de este síndrome. Los síntomas iniciales de un niño con alergia a los alimentos pueden asemejarse a los de un cólico infantil, aunque habitualmente desarrollan otros síntomas adicionales de alergia alimentaria a las pocas semanas, entre los que se incluyen los eczemas, vómitos, salivación excesiva, diarrea, deposiciones con sangre y falta de aumento de peso. El desarrollo de estos otros síntomas facilita el diagnóstico de una alergia a los alimentos cuando se produce, afectando a todos los niños que sufren este tipo de trastorno alérgico. Aunque algunos bebés con cólico (los que se hallan en las etapas iniciales de desarrollo de una alergia alimentaria) responden a un cambio en la fórmula hipoalérgica, lo cierto es que sólo se observa en un pequeño porcentaje de pequeñines con cólico. Dado que estas fórmulas son muy caras y menos nutritivas que las más habituales, no se suele recomendar su sustitución antes de que el niño haya desarrollado otros signos y síntomas de alergia. En cualquier caso, cuando un bebé con alergia a los alimentos deja de ingerir la sustancia causante, los síntomas del cólico casi siempre desaparecen. Factores Gastrointestinales
El reflujo gastroesofágico (EGE) puede provocar dolores abdominales en el recién nacido, aunque suele ir acompañado de vómitos anormalmente graves, y en ocasiones de tos, náuseas y falta de aumento de peso. El niño aquejado de EGE llora inconsolablemente después de cada toma y su esófago se inflama a causa de la irritación acida. Afortunadamente el EGE se puede tratar con medicación y colocando al bebé en posición erguida. Iniciado este protocolo, el cólico suele remitir en un elevado número de casos. Una segunda cuestión relacionada con los trastornos gastrointestinales deriva de la intolerancia a la lactosa, es decir, la incapacidad de digerir el azúcar principal presente en la leche (lactosa). No es una alergia alimentaria, y a pesar de sus similitudes en algunos síntomas, carece de la menor relación con ella, si bien es cierto que inicialmente se parecen. En realidad, los recién nacidos con intolerancia a la lactosa presentan otros trastornos además del llanto, sobre todo vómitos y escaso crecimiento. Otra cuestión asociada a los trastornos gastrointestinales, el simple estreñimiento, también puede acompañar al cólico, y se caracteriza por unas deposiciones duras y dificultad en su expulsión. Así pues, tanto la intolerancia a la lactosa como el estreñimiento se suelen identificar con facilidad y responden a sencillas intervenciones, tales como un cambio en la fórmula o la administración de un ablandador de deposiciones tales como leche o papillas ricas en fibra o, en casos extremos, supositorios pediátricos de glicerina, siempre por indicación expresa del pediatra. En cualquier caso se deberían considerar separadamente y no relacionarse con el cólico infantil.
Otros Factores Gastrointestinales
Algunos padres echan la culpa del cólico a la administración de dietas ricas en hierro o están convencidos de que su hijo presenta otros tipos de «intolerancia» además de la alergia. Muchos médicos fomentan esta creencia introduciendo cambios aleatorios en la fórmula, en un intento de aliviar o tratar el cólico. Sin embargo, la cantidad de hierro presente en la composición de la leche materna o incluso en las fórmulas enriquecidas con hierro no basta para provocar dolores en el estómago. Algunos estudios han demostrado que el cambio de fórmula (en cualquier dirección) en ausencia de claros síntomas clínicos de alergia, estreñimiento o intolerancia a la lactosa no es más eficaz que un placebo en el alivio de un cólico. Asimismo, también se han estudiado otros muchos aspectos relacionados con la función gastrointestinal en niños con cólico, como por ejemplo la investigación de otras causas (p. ej., accidentes vehiculares motrices) con el uso de microscopios electrónicos. A decir verdad, no se han encontrado diferencias entre ellos y los bebés normales. Se ha realizado un control y seguimiento pormenorizados de niños con un historial de cólico infantil durante toda la infancia y en la edad adulta. Sus índices de enfermedades gastrointestinales posteriores, como la enfermedad intestinal inflamatoria, el síndrome intestinal irritable, úlceras, trastornos de vejiga, patologías hepáticas o del páncreas, no difieren del resto de la población. Ni que decir tiene que todo esto no ha resultado demasiado útil en el aislamiento de las causas de tan frustrante trastorno infantil.
Factores Psicosociales
Otra teoría acerca del cólico infantil, que adquirió una cierta popularidad a finales de la década de 1970 y principios de la de 1980, era la que asociaba sus causas a la debilidad de los vínculos afectivos maternofilialcs. En aquellos años abundaban las investigaciones sobre los lazos emocionales infantiles y se empezaban a comprender más cosas de este fenómeno. Parecía lógico que los niños con cólico tuvieran dificultades en relación con este proceso. Se realizaron innumerables protocolos de investigación psicológica con parejas de madres e hijos, algunos con cólico y otros no, descubriendo que no había ninguna relación entre la calidad de los vínculos emocionales del niño y el tiempo de llanto diario. En efecto, algunos de los pequeñines más faltos de lazos afectivos e incluso entre los padres más negligentes a este respecto eran muy tranquilos, mientras que los que disfrutaban de unos padres atentos y cariñosos eran los más propensos al cólico. Los expertos concluyeron que no existía correlación alguna entre la conducta paterna y el cólico infantil.
Temperamento
Algunos investigadores han asegurado que el cólico es una expresión precoz de una personalidad «difí- cil». Se han realizado estudios, en la adolescencia e incluso en la edad adulta, de bebés que sufrieron un cólico infantil en las primeras etapas de la vida. En realidad, no se ha podido demostrar relación alguna entre un historial de cóüco y el cociente intelectual, personalidad, éxito escolar, delincuencia juvenil o un conjunto de otros problemas psicológicos como la depresión, ansiedad y trastornos de la personalidad. En resumen, el cólico infantil nada tiene que ver con la psicología.
Inmadurez Neurovegetativa
Esta es la teoría más conocida y también la más lógica y atractiva desde una perspectiva científica acerca del cólico infantil, y también la única que no ha sido refutada en su totalidad. Según esta teoría, el cólico es un fenómeno derivado de una inmadurez neurológica. Se ha observado que los niños con cólicom son más fáciles de sobreestimular que otros, y una vez sobreestimulados, les resulta mucho más difícil tranquilizarse por sí solos o con intervención externa. El «control del estado» es la habilidad neurológica que, en opinión de los investigadores, está relati- vamente infradesarrollada en estos bebés. Por definición, el control del estado es la capacidad de una persona para mantener un estado mental equilibrado (p. ej., estar despierto o profundamente dormido), además de la habilidad para realizar una transición entre un «estado equilibrado» y otro más equilibrado si cabe. Veamos un par de ejemplos: un niño «adormilado» que intenta conciliar un sueño profundo o despertar, u otro que está llorando y que intenta tranquilizarse. Esta capacidad, al igual que la memoria y el lenguaje, se desarrolla con la edad. En los adultos casi siempre ha madurado más que en los bebés; los niños algo más mayorcitos son capaces de tranquil izarse mejor sin ayuda externa que los más pequeños; y algunos recién nacidos lo consiguen de un modo más eficaz que otros. La teoría del desarrollo neurológico se basa en innumerables observaciones. La primera es que todos los bebés con cólico infantil lo superan, habitualmente a los cuatro meses. La segunda es que las estrategias de relajación que implican una considerable estimulación (mecerlos en brazos, eantarles, hablarles, alimentarlos o cambiarles los pañales) suelen ser contraproducentes en el caso de niños con cólico. Por el contrario, las que implican una reducción de la estimulación (abrigarlo o colocarlo en una habitación oscura) tienden a dar mejores resultados Esta teoría ha dado lugar al desarrollo de un dispositivo llamado «Sleep Tight» (del inglés, «duerme tranquilo»), que combina un vibrador con un ritmo monótono que se instala en la cuna, simulando la marcha de un automóvil circulando a una velocidad de 90 km/h. Sus diseñadores lo venden con garantía de devolución del precio pagado si no funciona. Según mi experiencia, esto da resultado con muchos bebés, pero no con todos. En cualquier caso, es inocuo

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bebedormir2 - Otras alternativas para relajación

Otras alternativas para relajación

Veamos algunas sugerencias adicionales que pueden contribuir al alivio del cólico:
• Deja la habitación en semi penumbra y procura que esté en silencio, sin ruidos o sonidos que lo molesten o distraigan.
• Pon un poco de música suave o canciones (nanas) infantiles especiales para bebés.
• Baña a tu hijo en agua tibia después del masaje y envuélvelo en su mantita o toalla para que se sienta protegido en un ambiente acogedor.
• Envuelve una bolsa de agua tibia con la toalla y colócala debajo del vientre del niño («tibia», no caliente).
• Mécelo en tus brazos o baila lentamente al son de la música.
• Hazle un masaje vigoroso en la espalda, con pases largos. bebedormir2

bebecolllico - Método de masaje para bebés con cólico

Método de masaje para bebés con cólico

Para bebés con cólico, esta técnica para aliviar la retención de gases es extremadamente útil. Úntate las manos con un poco de aceite para masaje (3-5 gotas de tintura de hierba gatera en aceite de oliva o dealmendra da excelentes resultados), y alternando las manos, pasa la palma desde la caja torácica hasta la parte superior de las piernas, ahuecando las manos. Repítelo por lo menos cinco veces.
A continuación, junta las rodillas de tu hijo, flexiónalas y sostenías cerca del vientre durante treintasegundos, y luego suéltalas. Esto contribuye a mantener el cuerpo «conectado». Luego realiza el Pase Circular. Como recordarás de la sección dedicada al masaje del vientre, este pase consiste en trazar culos alrededor del ombligo en la dirección de las manecillas del reloj.
Con el bebé boca arriba frente a ti, desplaza la mano derecha desde justo debajo de la caja torácica (lado izquierdo del bebé) hasta la base del vientre con un movimiento vertical. A continuación, con la mano izquierda, describe un ángulo recto («L» invertida) empezando en el área situada debajo de la caja torácica en el lado derecho del niño, continuando hacia el lado izquierdo, con un movimiento horizontal, y por último, de nuevo con la mano derecha, un doble ángulo recto («U» invertida) empezando en la sección inferior del vientre, continuado hacia arriba hasta la caja torácica (lado derecho del bebé), hacia la derecha con un movimiento horizontal (lado izquierdo del niño) y finalmente hacia abajo. Personalmente, me gusta realizar varias veces cada etapa del pase y luego el pase completo, también
varias veces. Cuando hayas terminado, traza un círculo completo con las manos y luego continúa por debajo del ombligo hacia el lado derecho. Alterna las manos y describe el círculo con un movimiento ininterrumpi-do, apoyando una mano después de la otra. Trabaja con una presión moderada. ¡A los bebés les encanta! Finalmente, júntale de nuevo las rodillas, flexiónalas y mantenías cerca del vientre durante otros treinta segundos. Suelta las piernas y dales un suave masaje para aliviar la tensión. Repite tres veces la rutina completa.

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